Muchas veces el horno nos fastidia el resultado final de un plato en el que habíamos invertido dinero y tiempo pero, sobre todo, esfuerzo e ilusión.

Por eso es muy importante saber como funciona un horno eléctrico.

Antes de usar el horno eléctrico (o el de gas) es recomendable leer el manual de instrucciones de uso pero no siempre es posible ni tampoco siempre es suficiente.

Así que he decidido compartir mis observaciones de cómo funciona un horno eléctrico convencional.

Funciones de un horno eléctrico.

Como sabemos, un horno convencional tiene 2 modos principales del horneado: calor “solo de abajo” y calor “de abajo y arriba”.

A parte de la diferencia evidente entre estas dos opciones hay una que no es nada evidente pero muy importante.

Con la misma temperatura, la intensidad del calor que proviene de abajo en modo “solo de abajo” es superior que la que proviene de abajo en modo “de abajo y arriba”.

Por ejemplo, si encendemos el horno a 200C en modo “solo de abajo” y metemos un bizcocho en la primera balda contando desde abajo, lo más probable es que antes que se haga por dentro se nos queme por debajo. Pero si encendemos el horno a 200C en modo “de abajo y arriba” e igual, metemos un bizcocho en la primera balda contando desde abajo, lo más seguro es que se nos haga bien por dentro sin quemarse por debajo y se dore ligeramente por arriba

Aunque el horno esté en modo “solo de abajo” no quiere decir que nuestro plato (o lo que hagamos) no se nos va hornear por arriba. Sí se va hornear. Y también se va a colorear pero tardará más tiempo. Este modo sirve para platos u horneados que necesitan un golpe de calor para su interior, que tardan en hacerse por dentro.

La mayoría piensa que si encendemos el horno en modo “de abajo y arriba” y metemos nuestro plato en medio, se nos tiene que hornear por igual, tanto por arriba que por abajo. Pero no es así, lo más probable es que por arriba se nos haga antes que por abajo.

En algunos casos, para obtener el resultado optimo del horneado, es necesario combinar los dos modos del horneado (o los que tenga el horno… pero sobre todo los que controlas).

Muchos hornos tienen el modo de “convección”. Su función es repartir el calor de forma uniforme y así acelerar el proceso del horneado.

Su gran desventaja reside en que al mover el calor por el horno, este reseca la superficie del plato. En el caso de un asado tal vez no tan perjudicial como en el caso de un bizcocho o de una hogaza de pan cuya corteza puede quedar como la suela de un zapato.

Para lo que sí es bueno el modo de “convección” es para lograr un bonito y uniforme dorado del plato. Lo más sensato es encenderlo los últimos 5-20 minutos del horneado (según el plato). Siempre y cuando hace falta.

Tanto en un modo del horneado u otro, es muy importante colocar nuestro plato a la altura adecuada.

El propósito de las diferentes alturas posibles que nos ofrece el horno es ayudarnos a controlar la intensidad del calor que llega a nuestro plato tanto desde arriba como desde abajo.

Al igual que en un mismo horneado podemos combinar diferentes modos, también podemos cambiar la altura. Por ejemplo: empezar a hornear nuestro plato en la primera balda (contando desde abajo) y terminar el horneado en la segunda o incluso en la última (como en el caso de un gratinado por ejemplo).

Teniendo en cuenta esta opciones, mi definición del horno sería la siguiente:

El horno es un dispositivo cuyo propósito es ofrecernos el óptimo resultado del horneado de los alimentos y para ello está previsto de varios modos del funcionamiento y de varias alturas en su interior que pueden ser utilizados en diferentes combinaciones, según las necesidades.

Como vemos, para aprender a dominar un horno hay que juguetear con las opciones que tiene y, sobre todo, prestar la atención durante todo el proceso del horneado.

Por mucho que en la receta ponga que hay que hornear el bizcocho durante 30 minutos a 200C, no está bien meterlo en el horno e ir ver la tele o chatear por Facebook. Es posible que el calor que le llegue desde abajo o desde arriba ¡o por alguno de los lados!, sea demasiado fuerte y haya que subir el bizcocho a una balda superior o bajarlo, girarlo a 90º. O, tal vez, no moverlo y cambiar el modo del horneado… subir o bajar la temperatura.

Hay muchas opciones así que os invito a que practiquéis y conozcáis a fondo a este “amigo” con el que compartís vuestro espacio. Y si se lo prestéis la atención necesaria, seguro que obtendréis buenos resultados desde el principio.

Recordad, saber utilizar el horno da mucha libertad en la cocina.

Y un bizcocho esponjoso por dentro y doradito por fuera da mucho más placer y felicidad que uno que esté quemado por fuera y a medio hacer por dentro.

¡Suerte con los horneados, amigos!

(en mis recetas suelo indicar el modo del horneado, el que os puede servir de guía)

Fuente: esbieta.com

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